Hace treinta años…

Del 26 al 30 de enero de 1987, la UNESCO organizaba un encuentro internacional en la Universidad de Kiev sobre «la enseñanza de lenguas extranjeras para la paz y la comprensión». Miquel Siguan, que participaba como director del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona fue llamado a presidir esta Consulta de expertos y redactó las conclusiones y recomendaciones finales dándoles el título de «Linguapax – Kiev Declaration«. La secretaría de la UNESCO las aprobó y las convirtió en un programa propio hasta que el Centro UNESCO de Cataluña asumió su coordinación.

Así lo recordaba el mismo Miquel Siguan en unas jornadas organizadas por Linguapax en conmemoración del día Internacional de la Lengua Materna 2006: […] «Como detalle anecdótico, añadiría que hacía mucho frío en Kiev (el termómetro marcaba 18 bajo cero cuando salimos del hotel) y que el mismo día nos quedamos muy sorprendidos al oír que Gorbachev había anunciado en la radio que la perestroika había comenzado. La idea básica del seminario de Kiev era que la enseñanza de lenguas y literaturas extranjeras tenia que dar a los estudiantes unas perspectivas más amplias sobre el mundo; romper el egocentrismo nacional y contribuir al entendimiento y la solidaridad internacionales. En la última sesión, los organizadores me pidieron que redactara las conclusiones y resoluciones finales y, basándome desvergonzadamente en mi propia presentación afirmé que el objetivo perseguido no se lograría sólo enseñando las lenguas sino que dependía del espíritu y del propósito con el que se enseñaban las lenguas. No se trataba de añadir una visión etnocéntrica vinculada a una lengua a otra visión igualmente etnocéntrica vinculada a otra lengua. Sino que los profesores de lenguas extranjeras debían tener en consideración que su papel consiste en abrir los ojos de los estudiantes a la diversidad lingüística y cultural del mundo, y también al hecho de que las lenguas son herramientas de comunicación que deben ponerse en primer lugar al servicio del entendimiento y la solidaridad. Había que poner el énfasis en lo que tienen en común más que en lo que las diferencia, y también subrayar la importancia de la traducción. La declaración final fue bien acogida por la secretaría de la UNESCO y Linguapax se convirtió en un programa promovido por la Organización, especialmente cuando Federico Mayor Zaragoza asumió la dirección general poco después. Desafortunadamente, la UNESCO se veia envuelta en una crisis económica que hacía imposible asignar fondos para nuevos programas. Por otra parte, y más significativamente, la UNESCO se  mostraba reticente a tomar iniciativas relacionadas con las lenguas porque los gobiernos de los estados son extremadamente posesivos y sensibles al respecto. Así, desde sus inicios, Linguapax tuvo como único respaldo el entusiasmo de quienes lo impulsamos.»

Véase el texto integral de Miquel Siguan y otros recuerdos históricos sobre los inicios de Linguapax en el primer número del Linguapax Review.
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