Apuntes del simposio internacional sobre lenguas y estatus

 pantallaLos pasados 24 y 25 de noviembre Linguapax celebró en la EAPC el simposio internacional «Lenguas y estatus, la oficialidad importa El encuentro contó con la participación de ponentes de siete países y la asistencia de un público numeroso y diverso proveniente tanto de la esfera de las políticas públicas como de la (socio)lingüística académica y activista.

Linguapax, entidad que trabaja para la preservación y promoción de la diversidad lingüística en el ámbito internacional, explora cómo la diversidad lingüística incide en diferentes ámbitos de la vida social, cultural y política. El simposio se ha centrado en un aspecto específico de este abanico: la regulación del hecho lingüístico y el desarrollo de políticas dirigidas a salvaguardar o promover el uso de las lenguas en diferentes ámbitos.

Como avanzábamos en la presentación de las sesiones, el concepto de oficialidad es el más ampliamente utilizado por los textos constitucionales y legales a la hora de regular el estatus de las lenguas. Este concepto, sin embargo, como decíamos, ni es interpretado de manera única ni es la única fórmula que los países utilizan para consignar el estatus jurídico de las lenguas presentes en su territorio. La interpretación y efectos del concepto de «oficialidad» varía en función de las coordenadas jurídico-políticas de cada caso y, en última instancia, de las ideologías lingüísticas que hacen de sustrato.

En este sentido, podríamos decir, la oficialidad importa pero no siempre en el mismo sentido ni por las mismas razones, como evidenciaron las diversas contribuciones a lo largo del congreso.

El director de la EAPC dio la bienvenida a los asistentes invocando la idea de que diversidad lingüística no es un problema, sino una solución. Concepto con resonancias históricas para Linguapax – y su mandato fundacional de activar la relación entre diversidad lingüística y paz, también subrayado por la presidenta de la entidad.

161125_roundatable2La diversidad lingüística, como manifestación de la diversificación permanente de toda forma natural y cultural, es, naturalmente, un hecho, un dato, no una valoración. Y el multilingüismo, la condición autóctona, tradicional, de muchas áreas del planeta.

Cada territorio genera una relación entre los hablantes y sus lenguas, una relación de fuerzas particular entre regulación jurídica, vida lingüística y cultural de las comunidades, e ideologías lingüísticas. Esta variación hace que la comparabilidad perfecta – entre países, regiones, constitucions- sea siempre, en cierta medida, imposible. A lo largo de las sesiones pudimos observar, gracias a varios ejemplos, en qué sentido se manifestaba este hecho.

Matthias Brenzinger, director del CALDI (Centro para la Diversidad Lingüística de África), destaca el hecho de que la múltiple oficialidad consagrada por la constitución sudafricana post-apartheid (11 lenguas oficiales), resulta mucho menos operativa de lo que puede parecer para la protección y vitalidad de la diversidad local. El autor apela, como clave para la viabilidad de la diversidad lingüística sudafricana, a la promoción del multilingüismo como parte de una estrategia que haga de contrahegemonía al avance del inglés (actualmente declarado lengua de la enseñanza superior en detrimento del afrikaans). En un país donde la mayoría de la población habla lenguas que no son las 11 lenguas oficiales, el mecanismo constitucional ha producido, paradójicamente, los efectos de facilitar la expansión del inglés en la vida diaria, y oficiosa, del país. Xavier Vila, relator de la ponencia, observaba que en Sudáfrica, podríamos decir, el multilingüismo está ligado a la época colonial (y sus bantustanes), y el inglés, a la época poscolonial (contemporánea). En rigor, la preservación y continuación de la diversidad lingüística de Sudáfrica, defensa Brenzinger, reside en último término en la esfera de las ideologías y las actitudes lingüísticas, en la promoción del «habitus multilingüe» (promovido incansablemente por el activista sudafricano Neville Alexander).

wp_20161124_004La Constitución de Malta de 1964 declaraba el maltés como lengua nacional, y maltés e inglés como lenguas oficiales (reafirmado en la Constitución de 1974). La Ley de Reconocimiento de la lengua de signos maltesa añade, en 2016, esta tercera lengua oficial. La consideración de ‘nacional’, sin embargo, se limita a un reconocimiento que no comporta necesariamente efectos jurídicos, como subraya Eva Pons. El maltés representa, para el 68% de población, la marca fundamental de la identidad maltesa. La condición de bilingüismo maltés-inglés, sin embargo, también se considera un factor definidor, hasta el punto de que el unilingüismo estricto encuentra muy pocos adeptos. Cabe decir que, en la práctica, los textos y la documentación oficiales son escritos en inglés y después (mal) traducidos al maltés, afirma el Prof. Albert Borg, de la University of Malta. La tensión, por tanto, entre la situación de facto y de jure del maltés como lengua nacional deja la lengua en una situación cada vez más precaria dada su coexistencia con la lengua internacional.

Eslovenia nos ofrecía un caso de clara defensa de la relevancia de la declaración de oficialidad que iba de la mano de la constitución del Estado esloveno. La declaración de este estatus, afirma la Prof. Albina Nećak-Luk, no sólo abre la puerta a todo un régimen de planificación, sino que sobre todo influye en las actitudes lingüísticas de los hablantes. Otorga, además, las garantías necesarias pera hacer frente a la competencia con las lenguas de comunicación más amplia. En su opinión, dos momentos fueron críticos en la acumulación de prestigio por parte del esloveno: la traducción de la Biblia en esta lengua en el siglo XVI y, más recientemente, la versión eslovena del sistema operativo Windows. El esloveno, ya oficial en la antigua Yugoslavia, refuerza así su estatus territorial como lengua histórica. El relator, Pere Comellas, incide en el hecho de que el estado-nación no puede ser la solución para cada una de las lenguas del planeta. La asociación lengua/estado-nación es una noción propia de las ideologías lingüísticas europeas.

La constitución de Finlandia consagra dos lenguas nacionales, el finés y el sueco. Markku Suksi describe como el estado finlandés se originó en unas circunstancias que determinaron el actual estatus de las lenguas al margen del principio nacionalista clásico de corte europeo «un pueblo, un estado, una lengua». Dos lenguas nacionales y una parte del territorio con régimen monolingüe (sueco) oficial: las islas Åland, el único reducto de oficialidad estricta, subraya la relatora de la sesión, Eva Pons. En la práctica, en cualquier caso, la lengua más usada es el finés, a pesar de la posible territorialidad de facto del sueco donde este sea mayoritario. Desde su fundación como estado independiente, la Constitución de Finlandia garantiza los derechos de otras lenguas no mayoritarias presentes en el territorio (sami, romaní, lenguas de signos).

Con Suiza visitábamos un ejemplo clásico de la literatura sobre la articulación plurilingüe de los estados. Nicolas Schmitt nos recordó el principio territorial que gobierna la confederación: cuatro lenguas de base – alemán (suizo) (hablado por el 64%), francés (22%), italiano (8%) y romanche (0,5%) – más un 8,9% de suizos que habla otras lenguas. Si las versiones de una ley en las tres lenguas oficiales difieren, es competencia del juez elegir cuál de ellas refleja mejor la voluntad del legislador, ya que en el sistema suizo ninguna lengua no tiene precedencia sobre las otras. En cuanto a los hablantes de romanche, pueden utilizar su lengua en sus tratos oficiales con la administración federal. Es decir, a nivel federal, el romanche (una lengua exclusivamente suiza) es semioficial. Schmitt quiere deshacer algún mito aún latente sobre el multilingüismo del pueblo suizo. En realidad, insiste el autor, nos encontramos con cuatro comunidades lingüísticas homogéneas, con ciertas dificultades para comunicarse entre ellas y con muy poco interés por la cultura del vecino. En cualquier caso, como había hecho Suksi, el ponente apunta que Suiza tampoco ilustra el principio clásico «una lengua- una nación- un estado», ya que el alemán (suizo), lengua mayoritaria, no era la única lengua nacional de partida.

Hoy día, el guaraní es la única lengua amerindia hablada por una población criolla (nacida en América latina y descendiente de europeos) mayoritaria. El castellano, nos relata el Dr. Verón, se empezó a extender por Paraguay durante las primeras décadas del siglo XX. No obstante, el Estado independiente (1811) asumió de entrada el guaraní como lengua única de la administración y del sistema educativo. Sólo un año después el castellano (hablado por el 5% de la población) fue impuesto en las escuelas excluyendo el guaraní. Aunque esta imposición ha sido la constante durante los dos últimos siglos, el guaraní y otras lenguas autóctonas han ido resistiendo por vías diversas. Hoy la población criolla mayoritaria es bilingüe guaraní-castellano (en 2002: el 90% hablaba guaraní, el 70% hablaba castellano). Desde la Constitución de 1992, el guaraní y el castellano son oficiales y desde 2010, el país cuenta con un instrumento que desarrolla el mandato constitucional: la Ley de Lenguas (fuente de políticas y de instituciones para la promoción del guaraní, tales como la Academia de la Lengua guaraní). A pesar de la situación favorable sobre el papel y la ley, una vez más nos encontramos con los obstáculos de las ideologías lingüísticas arraigadas en el imaginario de los hablantes. El castellano, a pesar de ser minoritario sigue siendo «mayorizado», subraya Verón, a través de una larga tradición de asimetría y diglosia que hace que los poderes del Estado y buena parte de la esfera pública funcionen en la práctica en castellano (casi de manera exclusiva, afirma el autor). Garantizar a los pueblos indígenas el derecho a vivir en su lengua implica, vemos una vez más, movilizar el entorno cultural en su conjunto, más allá de la estricta arquitectura normativa.

India nos ofrece un ejemplo de multilingüismo autóctono propio de muchas sociedades del mundo, en particular en África y As161125_gdevy_llibreia (hasta cierto punto podríamos afirmar que, en origen o en algún momento de la historia, la mayoría de las regiones del planeta ha generado multilingüismo autóctono). Este trasfondo implica el contraste (y sus consecuencias prácticas) entre unas actitudes lingüísticas propias de un multilingüismo tradicional y en buena medida distribuido por ámbitos de uso (alejado del ideal de «completitud» de la lengua propia de las ideologías lingüísticas europeas), y el desarrollo constitucional y legal de las lenguas del país: 22 lenguas constitucionales (los 29 estados pueden decidir sobre cuáles son las lenguas oficiales, que a su vez pueden ser diferentes de las constitucionales). «India ha sido generosa y da ejemplo de libertad para los territorios a la hora de decidir sobre el régimen lingüístico», apuntaba el relator general de las sesiones – probablemente dado el sustrato de multilingüismo autóctono que apuntábamos. Elvira Riera, por su parte, subrayaba que hay la voluntad de las comunidades para mantener las lenguas. Y Devy: «el inglés no es una opción lingüística, sino una condición económica». Las lenguas no siempre son (sólo) lenguas, ni podemos decidir claramente dónde empiezan y dónde terminan.

Si volvemos ahora a Suiza por un momento, recordemos Schmitt afirmando que, por supuesto, el estatus de oficialidad importa pero que, en definitiva, no tiene mucha importancia sin una política lingüística que lo haga operativo. El reconocimiento primero de tres lenguas (1848) y después de cuatro (1938) contribuyó de manera decisiva a la paz y prosperidad del país, ciertamente. A diferencia de otros países como Canadá, Ucrania o España, Suiza no ha visto nunca un movimiento de secesión en su territorio. Las nuevas tendencias de la sociedad y la cultura, sin embargo, han generado según el ponente un cambio de paradigma del mero reconocimiento «estático» de la lengua a un enfoque más «dinámico» del multilingüismo que también tiene en mente las lenguas llegadas al territorio suizo . En este contexto, concluye, el núcleo del problema actualmente radica en cómo articular el principio de territorialidad y la libertad lingüística. Gracias al principio de territorialidad podemos preservar una lengua que, de otro modo, se vería claramente amenazada: el romanche (aunque la mayoría de gente concernida no la hable). Por otra parte, aplicar el principio de libertad de lengua puede provocar procesos de sustitución (del romanche al alemán, por ejemplo).

En cualquier caso, hay que evitar la impresión de que el mapa del mundo y de las culturas humanas y sus agentes se deja dibujar fácilmente como una mera yuxtaposición de estados – por más operativos que estos puedan ser para administrar comunidades e identidades -. Precisamente es este mapa mental del mundo lo que ha representado a menudo un obstáculo para pensar (no sólo en términos de diversidad creativa, sino en términos de adecuación) la diversidad lingüística de la especie humana. El esquema intergubernamental de los organismos internacionales concernidos y su inoperancia -cuando no abierta reticència- en la defensa de la diversidad lingüística mundial dan testimonio de ello.

 

En esta línea, Ganesh Devy nos ofreció no sólo la visión de un «embajador» de su lugar de orígen (la República de la Índia), encargo formal de los organizadores, sinó, de acuerdo con el espíritu tácito de Linguapax (y con el riesgo de ser acusados de cosmopolitismo) una perspectiva global del destino de las lenguas que debe, forzosamente, obviar delimitaciones territoriales clásicas– no pensemos únicamente en las lenguas de las comunidades nómadas (con las cuales el autor ha trabajado extensamente), sinó que debemos añadir aquí la vida lingüística que circula online o las concentraciones de diversidad migrante en cada vez más territorios del planeta. En sus propios términos, it would be ambitious to hoe that this task[garantizar la preservación y vitalidad de las lenguas del mundo]can be achieved even in a small degree by merely placing the onus and the responsibility on the State parties. The mission will have to be carried out, through the agency of the nation-states, and independent of it, through a large number of civil society actors –universities, literary and linguistic academies, good-will societies and associations, non-governmental organizations, individual scholars, researchers and activists.

Este texto no ha pretendido ser un relato exhaustivo de las sesiones del simposio, ni presentar valoraciones o conclusiones de conjunto. Plantea, simplemente, una impresión general sobre la diversidad de perspectivas que estuvieron presentes. Las ponencias (Sudáfrica, Malta, India, Finlandia, Eslovenia, Paraguay, Suiza) serán publicadas, en forma de artículo, en un número monográfico de la Revista Lengua y Derecho que aparecerá el próximo mes de junio.

Alícia Fuentes-Calle – Linguapax

Los vídeos del simposio se encuentran en: http://eapc.gencat.cat/ca/biblioteca/documents-de-jornades-de-leapc/catala/llenguees-i-estatus.-loficialitat-importa/#

y en inglés en:

http://eapc.gencat.cat/en/detalls/Article/2016_790004_linguapax_english

 

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