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POR UNA POLÍTICA LINGÜÍSTICA
PARA EL PORTUGUÉS CONTEMPORÁNEO DE BRASIL
Profa. Dra. Éda Heloisa
Pilla
pillasea@cpovo.net
Universidade Federal do Rio Grande do Sul (Brasil)
El trabajo que sigue es una apreciación del caso particular
de la lengua portuguesa de Brasil en lo que se refiere a la gran
invasión de palabras extranjeras en su léxico. Presentaremos
el problema, el contexto peculiar en que ocurre, así como
las posibles alternativas de solución en base, principalmente,
a una investigación realizada a lo largo de cuatro años
sobre la aparición de neologismos en el portugués
contemporáneo.
Hoy día, 90% de toda la literatura científica
que circula en Brasil procede del exterior y está escrita
en inglés. Como consecuencia, se observa frecuentemente
un desfase entre los léxicos de las dos lenguas, verificándose
la presencia de muchos conceptos que todavía no están
establecidos en nuestro país. No hay, por lo tanto, palabras
para nombrarlos.
Ha sido muy diversa la reacción de los traductores frente
a esa realidad. A menudo, su acción, pero sobre todo su
omisión, ha tenido resultados desastrosos para la lengua
portuguesa debido a la penetración de extrajerismos que
acaban perpetuándose como palabras aceptadas por los usuarios
de la lengua.
La molestia que sienten los hablantes por tener
que transcribir las palabras extranjeras (violentando, así,
el idioma), o explicarlas a través de largas paráfrasis,
nos ha motivado a investigar, como un primer paso, el proceso
de aparición de palabras nuevas, los neologismos, en textos
informativos del portugués contemporáneo.
A través de un trabajo de investigación,
realizado a lo largo de cuatro años, hemos llegado a un
resultado sorprendente. El hablante de portugués no solo
crea las palabras nuevas que necesita, sino que las forma muy
bien, siguiendo las normas morfológicas, semánticas
y sintácticas de nuestro idioma y, por consiguiente, crea
palabras correctas. Presionado por la necesidad de hacerse entender
por sus pares, el hablante/creador se conforma con las normas
preexistentes de la lengua como sistema, creando palabras aceptables
y coherentes.
En nuestra investigación, hemos recogido
cerca de 350 neologismos (palabras que todavía no han sido
registradas en diccionarios), que circulaban a través de
la imprenta nacional y que, por tanto, ya estaban consagradas
por la convención hablante/oyente y tenían el aval
de la norma social.
Como no existe, en Brasil, ninguna institución
u organismo oficial encargado de coordinar y reglamentar vocabularios
(especialmente del lenguaje general), es el propio hablante el
que toma para sí esta tarea. Al no ser lexicográfo
o terminólogo, el usuario mediano de la lengua ejecuta
esta tarea de forma espontánea (o de improvisación)
y, muchas veces, inconscientemente. Para ello, "internaliza"
la gramática de su lengua, convirtiéndose, en cierto
modo, en una 'autoridad' para crear nuevas palabras. Cada vez
que el hablante se encuentra frente a una nueva realidad, recurre
espontáneamente a los archivos de la lengua que le proporcionan
la estructura referencial y lingüística para denominarla
e integrarla a sus experiencias.
Por otro lado, la palabra extranjera entra en nuestro
léxico perturbando y subvertiendo un sistema anterior que
conocemos y al cual volvemos para extraer nuestras normas.
Como se sabe, las lenguas deben crear palabras nuevas
para nuevos conceptos, puesto que es inexorable su aparición.
Según ha revelado nuestra investigación,
las formas más utilizadas para la creación de palabras
son el neologismo semántico, es decir, la utilización
de unidades léxicas ya existentes para nombrar nuevos objetos,
o la derivación (por sufijos, prefijos o composición).
Esa última forma, que ha representado 99,9% de los neologismos
recogidos, puede ocurrir con radicales nacionales o con radicales
cultos (greco-latinos).
Ese también es el caso del inglés.
Para citar solo algunos ejemplos, podemos mencionar mouse, site
y chip, que son palabras viejas a las que se les ha atribuido
un nuevo sentido, o aún home-banking, fast-food, software
y megabyte que son creaciones compuestas (las tres primeras formadas
con radicales ingleses, y la última, un híbrido).
También es posible traducirse literalmente
muchas palabras extranjeras por el hecho de ser transparentes.
Varias lenguas utilizan ese recurso (Maus en alemán, ratón
y sitio en español, rato en portugués de Portugal).
En Brasil, sin embargo, se adopta el extranjerismo ipsis literis
por un modismo o, a nuestro modo de ver, por una irresponsabilidad.
De este modo, la única lengua que se enriquece
es el inglés, al paso que el portugués se empobrece
cada vez más. Para cada palabra inglesa que entra en nuestro
vocabulario, desaparece o deja de crearse una nacional. De ahora
en adelante, si toda nueva tecnología o propuesta científica
que importamos viene acompañada de su vocabulario original,
corremos el riesgo de, muy pronto, dejar de hablar el portugués.
Además, la adopción de la palabra
extranjera trae consigo un problema semántico - el hablante
de portugués desconoce su significado - y otro fonético
- no se la puede pronunciar según nuestras normas fonológicas,
puesto que puede convertirse en una "interlengua", semejante
a la "pidgnización" o criollización. En
ninguno de los casos se puede atribuir la culpa a los brasileños
que, en principio, no tienen la obligación de conocer una
lengua extranjera ni tampoco de comunicarse a través de
ella en su propio país. Como toda información y
actividad humanas requieren el uso de la palabra, aquel hecho
contribuye para aumentar el abismo entre élites y no élites,
generando el prejuicio, la discriminación y la exclusión
social ya que niega a los hablantes de portugués el acceso
a la información en su propio idioma.
Nuestra lengua todavía no ha sido suficientemente
descrita para que podamos, en base a la descripción, crear
mecanismos para actualizarla y preservarla por medio de la creación
de palabras nuevas o, incluso, del rescate de aquellas palabras
que están en desuso, lo que también es una renovación.
En la esfera de la interlengua, el contacto entre
dos lenguas, la tarea de actualización del léxico
debe ser, seguramente, del traductor, puesto que es él
quien primero se encuentra con el problema. Frecuentemente, al
buscar las equivalencias entre dos códigos, tiene que llenar
lagunas. Sin embargo, como no tiene el conocimiento necesario
de terminología, además de sufrir la presión
de los expertos que insisten en utilizar las palabras extranjeras,
se siente impotente e inseguro para realizar la tarea de traducción.
Las lenguas minoritarias (obviamente no en número
de hablantes, sino por el estatus cultural, político y
económico de las comunidades que las usan), injustamente
consideradas como desprovistas de recursos denominativos adecuados,
necesitan de herramientas terminológicas para afrontar
la mundialización que les impone la gran cantidad de términos
y conceptos que llegan desde afuera. Las nuevas realidades fustigan
el universo de dichas lenguas, generando una enorme perturbación
y empobrecimiento. Este hecho no es nuevo, ni tampoco reciente,
sino que se constituye como una de las causas de la extinción
de las lenguas.
Es evidente que al sufrir el asedio de un léxico
extranjero, cada lengua se comporta de forma distinta, con peculiaridades
determinadas por cuestiones internas de naturaleza diversa, entre
las que se puede citar la complacencia de sus usuarios frente
a la invasión indiscriminada de extranjerismos. En el caso
de Brasil, esa complacencia se debe no solamente a factores históricos
de carácter político-cultural, parcialmente determinados
por la baja autoestima y fragilidad de las instituciones, sino
también, y principalmente, por la inexistencia de políticas
lingüísticas que establezcan medidas sistemáticas
que puedan hacer frente a las nuevas necesidades de la lengua.
Mientras desarrollábamos nuestra investigación
sobre la aparición de nuevas palabras en portugués
contemporáneo, quedó evidente, entre otras cosas,
que los hechos del vocabulario reflejan los hechos de la civilización
y los hechos de la lengua son objetos del universo sociocultural
de los hablantes, lo que la transforma, en último análisis,
en guardián de la cultura y de la mentalidad colectiva,
sometida, así, a las condiciones sociales creadas por la
política, economía, antropología y, en fin,
la historia de una nación.
Nuestro estudio sobre los neologismos se ha centrado
en la descripción y en la clasificación de las palabras
en su dimensión interactiva, discursiva, sincrónica
y, sobre todo, social, enmarcándose en lo que François
Gaudin (1993) ha llamado de socioterminología o terminología
al servicio de las necesidades sociales. Este estudio se ha basado
en un corpus recogido de la lengua en funcionamiento, hecho que
ha contribuido para garantizar que los productos lingüísticos
(palabras) estuvieran culturamente integrados.
La investigación también nos ha permitido
concluir que el eslabón necesario entre lengua y cultura
influye para que la conceptualización de la realidad casi
nunca ocurra de forma idéntica en más de un idioma,
lo que significa decir que es muy difícil que una misma
palabra, en dos lenguas distintas, recubra exactamente la misma
extensión semántico-conceptual o contenga los mismos
matices ideológicos. Este hecho se contrapone a los argumentos
de los que creen que no es necesario traducir palabras extranjeras
por el temor de que pierdan su sentido. De ello se deduce que
mantener la grafía original (del extranjerismo) no significa
asegurar el mantenimiento de su sentido original. Cuando nos apropiamos
de una nueva realidad, la reconceptualizamos, puesto que no cae
en el vacío, sino en un contexto cultural preexistente
que ha moldeado nuestra conciencia y percepción del mundo.
Y es a través de esa lente que percibimos la nueva realidad.
De esta forma, es posible que las unidades léxicas
no traducidas, incorporadas a nuestro léxico por la vía
interlengual (de la traducción) no sean coherentes con
nuestro universo conceptual. La palabra sexismo, por ejemplo,
una traducción literal de sexism, en inglés, creada
a su vez por analogía a racism, conduce claramente al significado
de "discriminación por el sexo". Sin embargo,
su uso en portugués exige cierto cuidado, una vez que el
origen y manifestación de la discriminación sexista,
en el contexto original (de América del Norte) y en nuestro
contexto, presentan determinadas diferencias históricas,
lo que no permite el paralelismo completo en la percepción
de la expresión por hablantes de inglés y de portugués.
Por otro lado, lingüicismo (de linguicism), palabra encontrada,
hasta este momento, solamente en textos traducidos, podrá
permanecer como una virtualidad en portugués, puesto que
la discriminación en razón de la lengua no se ejerce
en nuestro país.
A nuestro modo de ver, existen algunos casos de
extranjerismos considerados intraducibles, que suelen ser metaforizados,
ya que están desplazados de su ambiente original. Casos
como apartheid o camicase (ese último ya tiene grafía
nacionalizada) constituyen casos de xenismos o conceptos engendrados
en situaciones muy típicas y sin correspondencia en otras
culturas. Otros, como los nombres de accidentes geográficos
(fiordes, savanas o cerrado y sertão), mantienen su "extranjericidad"
por no encontrar referentes fuera de sus propias fronteras. Estas
palabras solamente serán accesibles a los hablantes de
otras lenguas a través de la descripción lingüística,
pudiendo ser escritas entre comillas mientras no se nacionalice
su grafia. Es por esa razón que imprimen un impacto rico
y exótico a los textos en que aparecen. Aún un tercer
tipo son los relativos a las culinarias locales (crostata, suflê,
feijoada, farofa). Si, con el paso del tiempo, sus referentes
pasan a formar parte de las culturas receptoras, dejan de ser
raras y pueden incorporarse al léxico de estas últimas
(es el caso de pizza, estrogonofe y paella, en Brasil).
En algunos casos, la complacencia a que nos hemos
referido anteriormente, que ha permitido la invasión indiscriminada
de palabras extranjeras en nuestro léxico, se ha exacerbado
hasta el punto de provocar la sustitución de palabras nacionales
ya establecidas por unidades léxicas extranjeras (liquidação
por sale, entrega a domicilio por delivery) o, aún, de
revertir el mecanismo subyacente a la creación de palabras
nuevas. En vez de la laguna conceptual (creada por la necesidad
de comunicación de los hablantes) provocar la aparición
de una nueva palabra, caracterizando el proceso onomasiológico
(del contenido a la forma), se transfiere una palabra forjada
en otra cultura para nuestro país; esta palabra penetra
en nuestro léxico como un producto acabado e impulsa el
proceso semasiológico (de la forma al contenido). Si esto,
por un lado, puede enriquecer nuestro universo referencial, por
otro, sin embargo, abre seguramente camino para la dominación
ideológica.
Para finalizar, agregaríamos que, cualquiera que sea la
forma de saneamiento del portugués, la norma a ser implantada
y usada como estándar, en Brasil, debe respetar la historia,
naturaleza e identidad de la lengua, hecho que solo se logrará
si las medidas prescriptivas a ser tomadas estén fundamentadas
en estudios descriptivos previos. Un hecho es incontestable: los
brasileños ya crean palabras nuevas, no podemos, por tanto,
desperdiciar ese talento y creatividad.

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