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Como es de conocimiento público, la cultura oral de los
záparas y el mundo espiritual del grupo, fueron declarados
el 18 de mayo de 2001, Obra Maestra del Patrimonio Inmaterial
e Intangible de la Humanidad por la UNESCO, junto a otros 18 espacios
culturales alrededor del mundo.
Uno de los argumentos que sirvieron para tal declaratoria,
lamentablemente, es el avanzado deterioro de la lengua y del mundo
espiritual que se expresa a través de ella. De lo que conocemos
existen tan solo siete locutores nativos de la lengua zápara,
de entre 70 y 90 años, muy dispersos el uno del otro, y
un solo chaman, o shimano, conserva la sabiduría de las
prácticas espirituales.
Desde hace aproximadamente tres años los
záparas de Ecuador, y más recientemente los de Perú,
han iniciado un proceso de revitalización de su lengua
y de las prácticas espirituales del grupo.
Es sobre los avances en dicho proceso que se centra
esta comunicación.
Los záparas viven en el corazón de la amazonia ecuatoriana
y peruana, una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta.
Su número, aunque aún incierto, no sobrepasa los
500 individuos.
La lengua zápara haría parte de la
familia del mismo nombre si aceptamos la clasificación
del etnólogo francés Paul Rivet, (siglo XIX). Según
este autor, la familia etnolingüística zápara
estaba conformada por 39 grupos diferentes de los cuales ahora
solo existen tres, el zápara propiamente dicho, el arabela
y el iquito, lenguas y grupos minoritarios del Perú.
Frente a esto, y haciendo uso de la escasa literatura
que existe sobre los záparas, podemos decir que en aproximadamente
500 años el grupo pasó de ser el de mayor presencia
en la amazonia ecuatoriana al grupo indígena con menor
número de miembros en la actualidad.
Según los textos históricos, que señalan
1665 como fecha del primer contacto del "hombre blanco"
los záparas, habrían constituido una gran Nación,
los datos sobre el número aproximado de záparas
es tan incierto como lo era hasta hace poco la situación
del grupo. Algunos de los datos más confiables señalan
la presencia de 25 mil záparas durante los primeros años
de contacto (esto es alrededor de los años 1600). Cuatrocientos
años después, quedan aproximadamente 500 individuos.
Los factores que conspiraron para que así
sea, son comunes a toda la zona : Conflictos interétnicos,
enfermedades, esclavitud, una guerra limítrofe entre Ecuador
y Perú que separó a las familias por cerca de 60
años y, finalmente, el mundo moderno.
Hacia mediados de la década de 1950, dos
misioneras del Instituto Lingüístico de Verano llegaron
a uno de los poblados záparas de Ecuador y se quedaron
entre ellos por algunos meses para realizar un estudio de la lengua
del grupo, uno de los pocos estudios con los que se cuenta sobre
las particularidades de la lengua.
Luego de esta visita, la cultura del grupo indígena de
mayor influencia en la zona, los kichwas, había penetrado
tanto en el mundo zápara, que las primeras migraciones
hacia territorio ocupado por este grupo ocurren así como
la adopción paulatina de sus costumbres y su lengua.
Minoritarios en la zona, los záparas comenzaron
ser motivo de burla por parte de los otros grupos indígenas,
muchos de los cuales empezaron a recibir la influencia de movimientos
evangelistas. Estos grupos religiosos terminaron por imponer prohibiciones,
doctrinas y prácticas entre casi todos los indígenas
de la zona, salvo entre los záparas que sigue siendo el
único grupo que se niega a adoptar ideas religiosas ajenas
a su cosmovisión.
Para mediados de los años 70, la lengua materna
de todos los zápara pasó a ser el kichwa. Era solamente
en las reuniones donde no se encontraban miembros de este grupo
que los ancianos hacían uso del zápara, así
como de sus costumbres culinarias, sus cantos, sus juegos sus
relatos y sus bailes.
En la segunda mitad de la década de los años
noventa, una asamblea general de los últimos záparas
de Ecuador tuvo lugar para discutir en ella sobre la posibilidad
de aliarse definitivamente con el grupo de mayor influencia en
la zona, lo que implicaba además adoptar su religión.
Mientras los adultos defendían esta estrategia como una
salida para no desparecer y obtener ayudas, como por ejemplo en
el campo educativo, los ancianos y los jóvenes defendían
su derecho a la autodeterminación.
Es así como surge la Organización
de la Nacionalidad Zápara que, dirigida por los hijos del
último chaman del grupo, establecen como una de sus prioridades
la revitalización de su lengua y la recuperación
de las prácticas espirituales del grupo.
En 1999, en conjunto con los dirigentes de la nacionalidad,
se establece el plan de revitalización lingüística,
que tuvo como punto de partida la identificación de los
últimos locutores nativos de la misma. Cinco ancianos de
entre 70 y 90 años fueron identificados en tres comunidades
distantes una de otra varios días de camino.
Tras lograr la aceptación de un investigador,
ajeno a la nacionalidad, y a medida que la confianza iba en aumento,
los ancianos se comprometieron a transmitir todos sus conocimientos
a los miembros más pequeños de sus respectivas comunidades
y a hacer uso de la lengua zápara en todas las circunstancias
posibles, a demás de permitir grabar todas las manifestaciones
del habla, como mitos, leyendas, canciones, juegos.
Al cabo de tres años, unos 30 niños
han adquirido un léxico importante, sobre términos
referentes a la naturaleza y su entorno, y el entusiasmo va en
aumento. Paralelamente, gracias a las grabaciones, se inició
el estudio y descripción de las particularidades de la
lengua, cuyo primer resultado es un diccionario trilingüe
zápara-castellano-kichwa, de reciente publicación.
Sin embargo, este trabajo no fue hecho con todos
los záparas, aunque sí con su mayoría. Esto
se debe a que un buen número de ellos quedó del
lado de la frontera peruana luego de una guerra que enfrentó
a ese país con Ecuador en 1941. Fue solamente en 2000 que
las familias záparas de ambos países volvieron a
encontrarse y en ese encuentro se identificó al último
chamán zápara que mantiene vivas sus prácticas
espirituales.
Con la declaratoria por parte de la UNESCO, los
záparas de ambos países han visto la posibilidad
de continuar juntos con los planes de salvaguarda de su patrimonio
que, hay que decirlo, sigue en latente peligro de desaparecer.

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